patronal
Hace unos días la patronal CEOE pidió un nuevo contrato para los jóvenes menores de 30 años. Los puntos básicos serían: trabajar sin derecho a prestación por desempleo, sin indemnización por despido, con una duración de entre seis meses y un año, sin cotizar a la Seguridad Social y cobrando el salario mínimo. Todo, según ellos, copiado de Francia, excepto el salario, que allí es de 1300 euros y aquí sería de 635. Por supuesto, DN se opone frontalmente a dicha propuesta.
Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal española, cree que precarizando aún más el mercado laboral se reactivará la economía.
Es decir, más de lo mismo. La patronal sigue machacando con lo de siempre, queriendo profundizar en el mismo modelo económico que nos ha llevado a la crisis actual. Piensan que reduciendo al mínimo los costes las empresas saldrán adelante, pero no se dan cuenta de que si todas las empresas llevan a sus trabajadores al mismo tiempo a niveles de subsistencia mínima, éstos no consumirán nada, aparte de comida y poco más, por lo que todos los empresarios que no se dediquen a la alimentación tendrán que cerrar por falta de compradores.
Nos dirigimos a los cinco millones de parados por lo que la desesperación puede llevar a muchos de ellos a aceptar cualquier trabajo con tal de tener alguno, por lo que los empresarios simplemente están tirando los salarios a la baja aprovechándose de la situación. Como siempre, los neoliberales han apoyado la propuesta con la amenaza habitual, es decir, “mejor eso que en el paro“. Todo lo que se está pidiendo ahora ya se hizo tras la crisis del 93, y a corto plazo pareció funcionar debido a que coincidió con las transferencias billonarias de la UE, con que la banca regalaba el dinero y, sobre todo, con el boom de la construcción, pero en cuanto todo esto se ha acabado, hemos vuelto a la realidad y volver a aplicar las mismas recetas de ajuste y de exprimir a la población trabajadora al máximo no va a solucionar nada, porque se acabaron los billones de la UE, el dinero de la banca y la construcción.
Con buen criterio, la izquierda sindical y la política se han opuesto a la medida, lo que no ha impedido hacerles caer en algunas contradicciones. Primero, piden un cambio de modelo productivo, pero al mismo tiempo han destruido el sistema educativo, lo que hace precisamente imposible ese cambio de modelo. Segundo, aseguran defender al joven trabajador español, pero al mismo tiempo han promovido (junto a la patronal) la entrada de seis millones de inmigrantes poco cualificados, que han tirado los sueldos a la baja y que son una competencia bestial para la juventud española a la a hora de acceder a un puesto de trabajo. Recordemos que los primeros trabajos de los jóvenes suelen ser trabajos poco cualificados hasta que realizan una formación profesional o estudios superiores. Hasta hace poco tiempo era normal ver a jóvenes de 17, 18 o 20 años trabajando los fines de semana o durante las vacacioes en la hostelería, de repartidores, reponedores, en comercios…hoy han sido sustituidos por inmigrantes y la consecuencia ha sido un paro juvenil del 40% en España.
No sólo es incoherente la izquierda. También la patronal, como tantas veces ha denunciado DN, va contra sus propios intereses defendiendo este tipo de iniciativas, que lo único que consiguen es resucitar el discurso de la lucha de clases y el resurgir de ideologías anti-empresarios. No sólo pasa que reduciendo salarios al mínimo también reducen el consumo al mínimo, con el consiguiente cierre de empresas. Otras medidas, como el despido de mujeres embarazadas, lo único que consiguen es que las mujeres dejen de tener hijos, con lo que no nacen los futuros trabajadores y consumidores que los empresarios necesitarán dentro de veinte años, o la importación masiva de inmigrantes, algo desastroso para una economía como la española que, en un contexto de globalización, debe aumentar la productividad y la cualificación de sus trabajadores, algo que es incompatible con la entrada masiva de inmigrantes. Todo eso sin contar otros fenómenos que trae la inmigración masiva como la balcanización social, el integrismo islámico, el aumento de la delincuencia o la subida de impuestos debido al aumento del gasto público, todos ellos negativos para los negocios. Ahora, los empresarios se llevan las manos a la cabeza porque les suben los impuestos. Si se los suben es, en parte, para poder pagar la factura de la inmigración y de la construcción masivas que ellos mismos tanto contribuyeron a traer.
Pero no sólo ellos, también la derecha neoliberal se contradice. La misma derecha neoliberal que recuerda la época de su adorado Aznar, cuando se crearon tantos millones de puestos de trabajo y estábamos “mejor que nunca” (el “milagro español” lo llamaron) pero que ahora pide una reforma radical del mercado laboral. Parecen no darse cuenta de que las leyes laborales actuales son exactamente las mismas que las que había en la época de Aznar, cuando se creó tanto trabajo, por lo que no creemos que esta sea la causa de la actual crisis ni, por lo tanto, su reforma sea prioritaria ni sea la solución.
Ellos, tan “defensores de la familia”, pero que promueven una economía que hace imposible que la gente joven pueda formar una familia. Con el salario mínimo hasta los 30 años los jóvenes estarán hasta esa edad viviendo con sus padres y, ya que con ese sueldo su ahorro será mínimo o inexistente, no podrán emanciparse hasta los 35 años por lo que, si quisieran formar una familia, con suerte y en el caso poco probable de que pudieran acceder a una vivienda, podrán tener como mucho un hijo y claro, no habrá suficiente población activa en el futuro y, cuando esto ocurra, la patronal y los neoliberales volverán a pedir un nuevo aumento de la edad de jubilación a los 75 años y traer unos cuantos millones de inmigrantes más para que “nos paguen las pensiones” y “trabajar donde los españoles no quieren”.
Y así hasta el infinito.
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Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal española, cree que precarizando aún más el mercado laboral se reactivará la economía.
Es decir, más de lo mismo. La patronal sigue machacando con lo de siempre, queriendo profundizar en el mismo modelo económico que nos ha llevado a la crisis actual. Piensan que reduciendo al mínimo los costes las empresas saldrán adelante, pero no se dan cuenta de que si todas las empresas llevan a sus trabajadores al mismo tiempo a niveles de subsistencia mínima, éstos no consumirán nada, aparte de comida y poco más, por lo que todos los empresarios que no se dediquen a la alimentación tendrán que cerrar por falta de compradores.
Nos dirigimos a los cinco millones de parados por lo que la desesperación puede llevar a muchos de ellos a aceptar cualquier trabajo con tal de tener alguno, por lo que los empresarios simplemente están tirando los salarios a la baja aprovechándose de la situación. Como siempre, los neoliberales han apoyado la propuesta con la amenaza habitual, es decir, “mejor eso que en el paro“. Todo lo que se está pidiendo ahora ya se hizo tras la crisis del 93, y a corto plazo pareció funcionar debido a que coincidió con las transferencias billonarias de la UE, con que la banca regalaba el dinero y, sobre todo, con el boom de la construcción, pero en cuanto todo esto se ha acabado, hemos vuelto a la realidad y volver a aplicar las mismas recetas de ajuste y de exprimir a la población trabajadora al máximo no va a solucionar nada, porque se acabaron los billones de la UE, el dinero de la banca y la construcción.
Con buen criterio, la izquierda sindical y la política se han opuesto a la medida, lo que no ha impedido hacerles caer en algunas contradicciones. Primero, piden un cambio de modelo productivo, pero al mismo tiempo han destruido el sistema educativo, lo que hace precisamente imposible ese cambio de modelo. Segundo, aseguran defender al joven trabajador español, pero al mismo tiempo han promovido (junto a la patronal) la entrada de seis millones de inmigrantes poco cualificados, que han tirado los sueldos a la baja y que son una competencia bestial para la juventud española a la a hora de acceder a un puesto de trabajo. Recordemos que los primeros trabajos de los jóvenes suelen ser trabajos poco cualificados hasta que realizan una formación profesional o estudios superiores. Hasta hace poco tiempo era normal ver a jóvenes de 17, 18 o 20 años trabajando los fines de semana o durante las vacacioes en la hostelería, de repartidores, reponedores, en comercios…hoy han sido sustituidos por inmigrantes y la consecuencia ha sido un paro juvenil del 40% en España.
No sólo es incoherente la izquierda. También la patronal, como tantas veces ha denunciado DN, va contra sus propios intereses defendiendo este tipo de iniciativas, que lo único que consiguen es resucitar el discurso de la lucha de clases y el resurgir de ideologías anti-empresarios. No sólo pasa que reduciendo salarios al mínimo también reducen el consumo al mínimo, con el consiguiente cierre de empresas. Otras medidas, como el despido de mujeres embarazadas, lo único que consiguen es que las mujeres dejen de tener hijos, con lo que no nacen los futuros trabajadores y consumidores que los empresarios necesitarán dentro de veinte años, o la importación masiva de inmigrantes, algo desastroso para una economía como la española que, en un contexto de globalización, debe aumentar la productividad y la cualificación de sus trabajadores, algo que es incompatible con la entrada masiva de inmigrantes. Todo eso sin contar otros fenómenos que trae la inmigración masiva como la balcanización social, el integrismo islámico, el aumento de la delincuencia o la subida de impuestos debido al aumento del gasto público, todos ellos negativos para los negocios. Ahora, los empresarios se llevan las manos a la cabeza porque les suben los impuestos. Si se los suben es, en parte, para poder pagar la factura de la inmigración y de la construcción masivas que ellos mismos tanto contribuyeron a traer.
Pero no sólo ellos, también la derecha neoliberal se contradice. La misma derecha neoliberal que recuerda la época de su adorado Aznar, cuando se crearon tantos millones de puestos de trabajo y estábamos “mejor que nunca” (el “milagro español” lo llamaron) pero que ahora pide una reforma radical del mercado laboral. Parecen no darse cuenta de que las leyes laborales actuales son exactamente las mismas que las que había en la época de Aznar, cuando se creó tanto trabajo, por lo que no creemos que esta sea la causa de la actual crisis ni, por lo tanto, su reforma sea prioritaria ni sea la solución.
Ellos, tan “defensores de la familia”, pero que promueven una economía que hace imposible que la gente joven pueda formar una familia. Con el salario mínimo hasta los 30 años los jóvenes estarán hasta esa edad viviendo con sus padres y, ya que con ese sueldo su ahorro será mínimo o inexistente, no podrán emanciparse hasta los 35 años por lo que, si quisieran formar una familia, con suerte y en el caso poco probable de que pudieran acceder a una vivienda, podrán tener como mucho un hijo y claro, no habrá suficiente población activa en el futuro y, cuando esto ocurra, la patronal y los neoliberales volverán a pedir un nuevo aumento de la edad de jubilación a los 75 años y traer unos cuantos millones de inmigrantes más para que “nos paguen las pensiones” y “trabajar donde los españoles no quieren”.
Y así hasta el infinito.
